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Por el COLECTIVO MARAMBIO

Ésta nota estuvo varias veces terminada y otras tantas desactualizada sin haber pasado ni siquiera 24 hs. de sus sucesivas finalizaciones. Los acontecimientos desde la renuncia de Martín Guzmán dejan claro que el poder real y la derecha política vienen por todo planteándose como objetivo de mediano plazo borrar al peronismo -al “populismo”- de la disputa del poder político y en el corto plazo lograr que el gobierno termine antes de la finalización del periodo constitucional, liquidando la idea de que solo el peronismo tienen la capacidad de ordenar el tablero político dotando de alguna previsibilidad al devenir democrático. Pretenden que la foto final sea la de un helicóptero despegando de la Rosada en medio de una ola de saqueos, lo que constituiría una derrota difícil de remontar para el conglomerado nacional y popular.

Y la primera respuesta a la ofensiva de la oposición y los sectores dominantes no provino de la triada que lidera cada uno de los sectores mayoritarios del Frente de Todos, sino de las organizaciones sindicales y sociales: el martes 26/07 la marcha de antorchas convocada por la CTA para homenajear a Evita en un nuevo aniversario de su fallecimiento, se resignificó con los gritos convocantes de paremos a los golpistas, paremos a los devaluadores, paremos a los especuladores. Ésta marcha ha de servir como preparación a la organizada por la CGT para el 17 de agosto, que ya cuentan con la adhesión de las distintas CTA´s, organizaciones sociales y políticas y que seguramente superará con creces las tibias consignas convocantes contra los especuladores y la inflación. Ambas marchas deben actuar en un doble sentido: como advertencia a la ultraderecha acerca de que no le será fácil avasallar a los sectores populares y como despertador para la dirigencia política del Frente de Todos y sus principales liderazgos para que se den cuenta que nos acercamos peligrosamente a la cornisa y que la única manera de evitar la caída es dar las peleas que el pueblo reclama y que no son otras que las contenidas en la plataforma que permitió ganar las elecciones de 2019.

Si la situación de los sectores populares era muy crítica antes de la renuncia de Guzman, lo es hoy mucho más, tras la ofensiva de los devaluadores y la corrida financiera. Los más alejados de los verdes dólares somos los más castigados vía inflación desbordada por la apuesta al caos de los sectores dominantes -en busca de maximizar sus ganancias y de paso cargarse al gobierno-. Lo crítico de la situación social explica un ambiente creciente de protesta y el incremento en los niveles de movilización y lucha: a las manifestaciones y marchas semanales que realizan los movimientos sociales -hasta hace unos meses los hegemonizados por la izquierda, en las últimas semanas con protagonismo compartido con grupos más cercanos al Frente de Todos reclamando por el ingreso básico universal-, se suman conflictos gremiales varios y situaciones explosivas en algunas provincias -como por ejemplo Mendoza-. La incertidumbre de las últimas semanas ha hecho que se frene parcialmente la actividad económica frente al desabastecimiento de insumos básicos -como por ejemplo la chapa o cualquiera que tenga componentes importados, siendo el sector Pyme el más afectado-, por lo que no sería extraño que el crecimiento se ralentice y haya un aumento de la desocupación. Es decir que las perspectivas son en dirección a un incremento de la conflictividad, lo que como militantes populares debemos leer desde una óptica positiva ya que la movilización y la lucha servirá bien para arrancarle a “nuestro” gobierno políticas distributivas que permitan que una alternativa nacional y popular sea competitiva en el 2023, bien para demostrarle a la derecha que no le será fácil avasallarnos y sepultar derechos bajo la lógica el capital concentrado.

 

 

En la calle estaremos, no defendiendo a un gobierno que poco, casi nada, está haciendo por su supervivencia sino defendiendo lo logrado desde 1983 a ésta parte y demostrando que el pueblo siempre está y aparece poniendo el pecho en las circunstancias más difíciles, aún frente a la orfandad en la que lo ha dejado gran parte de la dirigencia política del espacio.

En éste contexto constituye un ejercicio interesante analizar la evolución de la interna del Frente de Todos, no porque tengamos alguna esperanza de poder incidir en lo inmediato en las definición de las políticas que se implementarán de aquí al fin del mandato sino porque nos permite sacar conclusiones sobre la debilidad o fortaleza de la construcción política del sector más comprometido con los postergados dentro del espacio nacional y popular. 

Las apariciones públicas de Cristina durante los últimos dos meses han sido frecuentes: es importante enterarnos de lo que piensa de primera mano y no por medio de sus exégetas. Durante éste periodo de mayor exposición, no por casualidad, se produjeron acontecimientos  que enunciamos a continuación –solo algunos, los más importantes-:

ü  cambios en la composición del gobierno 1: pasado el acto por el aniversario de YPF renunció Kulfas al Ministerio de la Producción, arrojando sombras sobre el proceso licitatorio de la obra de infraestructura estratégica más importante de los últimos años, el gasoducto Néstor Kirchner

ü  cambios en la composición del gobierno 2: durante el acto de Ensenada y mientras Cristina promediaba su discurso, renunció Guzmán. En un acto de irresponsabilidad institucional inmenso arrojó varias toneladas de tierra sobre quien lo defendió a capa y espada –nada menos que el presidente- y generó una crisis política de magnitud alimentado una corrida cambiaria en la que aún estamos inmersos

ü  los reemplazos en ambos ministerios no fueron por albertistas puros como los renunciantes –quedan de éstos bastante pocos, no muchos más que el círculo íntimo del presidente-, sino personalidades con peso político propio respetados por al menos dos de los sectores que conforman el Frente -como Scioli-, o aceptados por el conjunto de las fuerzas de la coalición por su solvencia técnica y manejo político en la gestión, como Batakis

ü  cambios en políticas concretas, que aunque el gobierno manifiesta que los tenía en carpeta, recién se concretaron después de señalamientos de Cristina: avances en los procesos de adjudicación de la obra del gasoducto Néstor Kirchner; adelantamiento de la reunión del Consejo del Salario e incremento anticipado del salario mínimo –propuesta de Máximo K.-; cambio del mínimo no imponible para el pago de ganancias –propuesta de Massa-; cambios en las condiciones de autorización de las licencias no automáticas de importación para frenar el drenaje de divisas en plena restricción externa; discurso potente de Alberto en la Cumbre de las Américas y en la reunión de G7

 

En forma simultánea a los cambios ministeriales, se explicitaron realineamientos cuando la liga de gobernadores –incluso los más díscolos y con vuelo propio-, jefes comunales bonaerenses, parte de las organizaciones sociales y sus dirigentes y hasta una porción de la CGT y el gabinete se mostraron junto a Cristina.  El gran debilitado en el proceso ha sido Alberto: a las limitaciones propias y de gestión señaladas en notas anteriores, se sumó que los ministros que con más firmeza intentaba sostener, se fueron en medio de renuncias escandalosas y complicando seriamente la gobernabilidad de por si cascoteada en forma permanente por la derecha. La salida de Guzmán fue para el poder económico, mediático y judicial la orden de largada para desatar una nueva embestida destituyente, a la que se le comenzó a dar respuesta tardíamente cuando el abismo estaba a la vista.

La conclusión natural de la situación interna que acabamos de describir sería que frente a una crisis casi terminal, con Alberto debilitado y desprestigiado frente a la sociedad y un gobierno inerte y aparentemente sin herramientas para detener la ofensiva devaluatoria, fueran figuras del kirchnerismo las que se hicieran cargo del hierro caliente e intentaran enderezar el rumbo: sin embargo el encumbrado es Massa que asume como un virtual primer ministro con perspectivas, en caso de lograr una mínima estabilidad macroeconómica, de ser la figura presidenciable más potente del espacio.

Que sea Massa y no alguien históricamente más cercano a Cristina el que adquiere el protagonismo central de la etapa, permite extraer un conclusiones preliminares, todas preocupantes:

ü  la capacidad intacta de los centros de poder políticos y económicos y sus organismos hegemonizadas por EEUU, para condicionar los proyectos nacionales y populares y disciplinar a sus terminales locales -como ha sucedido en los últimos días en nuestro país-. En el medio de una ofensiva que parecía indetenible explicitada por la disparada de los precios de los dólares paralelos y los ilegales y el hundimiento de los bonos soberanos, la llegada de una figura que los centros de poder transnacionales consideran propia, hace que las cotizaciones de los dólares mencionados caigan con la misma velocidad con la que crecieron, que las cotizaciones de los bonos soberanos vuelen en Wall Street, que la ronda de colocación de deuda en pesos sea exitosa y que baje el riesgo país

ü  el bloque de poder económico en nuestro país no es monolítico y una parte de él cree que un peronismo domesticado es una alternativa mejor para sus posibilidades de negocios que la brutalidad de los sectores que parecen ser hoy hegemónicos dentro de Juntos por el Cambio

ü  la debilidad de la construcción política del kirchnerismo, que fuera de la figura de Cristina y de Axel –ambos cumpliendo funciones ejecutivas- no ha logrado generar una masa crítica que le permita consolidar su hegemonía al interior del frente. El origen de ésta debilidad es lo pobre de la acción política de base, territorial, sindical, estudiantil y de formación de cuadros que garantice que una cuota del poder político del espacio sea claramente de raigambre popular. El kirchnerismo no está logrando romper con el patrón que se re-impuso en la política a partir del gobierno de Macri por medio de la preponderancia de una elite de políticos profesionales por sobre la “grasa militante”

ü  el espacio nacional y popular no acierta en formular políticas superadoras fuera de los límites estrechos que nos impone el poder real. La defensa de la democracia frente al golpismo cuyo mascarón de proa ya no es la institución militar sino la casta judicial, los medios concentrados y la ultraderecha política, es necesario, imprescindible. Pero debemos hacerlo cuestionando las limitaciones de la democracia que tenemos, rompiendo con las posiciones conservadoras que al prolongarse en el tiempo pueden despojar a la misma democracia de toda capacidad instrumental para transformar la vida de los desposeídos, cediéndoles el espacio de la rebeldía y la transformación a la izquierda y lo que es peor, a variados monigotes de la ultraderecha

Por radicalizar la democracia pasaría la cosa, pero la superación momentánea de las crisis autogeneradas o provocadas por el enemigo se dan en dirección contraria. Tomemos el ejemplo de la que estamos atravesando: asume Batakis y sus intervenciones apuntan a “tranquilizar a los mercados” asegurando que se cumplirá a rajatablas con la reducción del déficit fiscal acordado con el FMI, viaje rápido a USA a explicarle a los organismos que se cumplirá con las metas del acuerdo firmado por Guzman, anuncios de beneficios a los agrogarcas para entusiasmarlos con liquidar parte de la cosecha que guardan en silobolsas y  aumento de las tasas de interés para recibirlo a Massa en su nuevo rol de superministro. Se podría comprender el nombramiento de Massa por lo terminal de la situación y la necesidad de tomar distancia del mal mayor -que sería la caída del gobierno-, lo que no es justificable es que frente a las acciones enumeradas antes no se sepa que es de la vida de los proyectos de grabar la renta inesperada consecuencia de la guerra o el de constituir un fondo para el pago de la deuda sostenido por parte de dinero fugado al exterior en el momento de contraerla.

Los discursos de Cristina, superada la evocación reivindicativa de sus gobiernos, puntualizan ejes de discusión que podrían constituir el punto de partida para la recomposición de una épica transformadora que le dé perspectivas al 2023: el problema de la economía bimonetaria y su relación con la restricción externa y los procesos inflacionarios; la necesidad de acuerdos amplios para encarar posibles soluciones al bimonetarismo; coordinación entre organismos del estado para mejorar el control y manejo de divisas escasas; el vínculo déficit fiscal-inflación y estructura fiscal regresiva; posibilidad y necesidad de implementar un salario básico universal; manejo de políticas sociales, rol del estado y las organizaciones en su distribución, etc. En la perspectiva del incremento de la movilización popular será responsabilidad de los espacios militantes el dotar a la lucha de una agenda reivindicativa que pueda concretarse, enumerando soluciones posibles a los problemas estructurales que plantea Cristina: implementación del salario básico universal ya mencionado, aumento por suma fija generalizado, creación de una empresa nacional de alimentos que potencie la economía social y popular, control efectivo del río Paraná y dragado del canal Magdalena, creación de una empresa nacional para la industrialización del litio aprovechado la base tecnológica y la infraestructura de YPF, construcción del gasoducto Néstor Kirchner y reactivación de las inversiones de origen chino para acelerar la construcción de las represas en Santa Cruz y la central nuclear Atucha 3.

La carencia de espacios orgánicos de debate comienza a ser suplida por la reorganización de la militancia territorial alrededor de experiencias como la del “Encuentro Patriotico” en Vicente Lopez o el plenario de “Pueblos libres” en Avellaneda. En el marco de una agenda de movilización y expresión de la protesta en las calles, la masificación de éstas experiencias de base puede incidir sobre el rumbo que tome el gobierno en los meses que le quedan de mandato.

Algunos analistas sostienen, frente al avance de los triunfos de fuerzas progresistas en la región, que las elecciones las están ganando las oposiciones.  En las ultimas contiendas electorales en Chile y Colombia, países en los cuales las movilizaciones populares en 2019 previas a la pandemia hicieron volar por los aires el sistema político tradicional con la consecuencia de que los partidos de derecha gobernantes ni siquiera tuvieron la posibilidad de llegar a la segunda vuelta, el enfrentamiento fue entre fuerzas de ultraderecha en versión bolsonarista y fuerzas de izquierda frentistas. El triunfo fue para las fuerzas de izquierda frentistas. Veremos cual de los dos escenarios es el que predomina en Brasil en 2022 y en Argentina en 2023: lo real es que ese futuro está por escribirse y el papel de la militancia y la movilización popular será central en su definición.