Elaborado por el Colectivo Marambio
Sucede habitualmente: transcurridos unos días desde nuestra reunión y antes de poder publicar lo conversado, la dinámica política suele alterar los ejes diseñados para estructurar el intercambio de opiniones. El psicoanalista Yago Franco, al analizar el avance de la ultraderecha, señala que: “…generan una forma de vida traumática, con una temporalidad inasible, imposible, avasallante. Lo vertiginoso dificulta tomar contacto con el pasado, es decir, historizar. Pero también proyectarse al futuro”. Damos fé: con periodicidad bimestral se explicita la montaña rusa en la que discurre nuestra “vida”, cuando lo analizado ayer parece perder actualidad frente a lo planteado hoy por la ultraderecha gobernante, mientras que lo único “invariante” es el accionar de esa misma ultraderecha contra de los intereses populares y los derechos adquiridos durante décadas de lucha.

Justo es reconocer que esta vez no fue la agenda local la causante del desajuste: nos despertamos un día con la novedad de que Maduro había sido secuestrado, que Petro lo podía ser en cualquier momento, que Groenlandia sería anexada a USA aún a costa de hacer estallar en pedazos su vínculo firme con la vieja Europa y al otro con que el bloqueo a Cuba se redoblaría con el objetivo de estrangular la revolución provocando, de ser necesario, un genocidio.
Y el desajuste actúo como disparador: es hora de que la militancia genuina —la de base, la de a pie— incorpore el escenario internacional a sus análisis políticos. Lo que ocurre en el mundo tiene consecuencias directas en el quehacer cotidiano de nuestro patria y movimiento. Sin embargo, muchas veces, dirigentes y medios de influencia nos invitan a pensar la coyuntura como si se agotara en los límites de nuestros barrios, desconectada de las disputas globales que la atraviesan.
La militancia de base no solo debe, sino que merece analizar el contexto internacional. Y nuestros dirigentes tienen la responsabilidad de expresar con claridad su mirada, su postura y su planificación estratégica, para sincerar el debate político. Alcanza con recorrer reels de YouTube y otros contenidos que llegan a nuestros celulares para advertir la proliferación de discursos pro-Trump —Pichetto, Moreno o Ruckauf— y contrastarlos con los silencios de quienes antes se animaban a expresar simpatías por nuevos actores de la política mundial.
El mundo se está transformando en un lugar feo…y peligroso. El panorama esta dominado, al menos en nuestra región, por la agresividad trumpista y la agenda de la internacional ultraderechista. Como dijimos antes y poniendo como ejemplo a nuestra América Latina: secuestran un presidente en Venezuela y estrangulan a Cuba hasta llevarla a la dramática situación de no poder producir nada -ni lo esencial para garantizar la supervivencia de su poblacións-, coqueteando con la posibilidad de utilizar un genocidio como herramienta para liquidar el proceso revolucionario… y no aparecen reacciones contundentes, que limiten la agresividad del gobierno republicano o que generen respuestas solidarias que al menos mitiguen sus consecuencias. ¿Por qué no se generan respuestas?, ¿quizá porque Estados Unidos avanza hacia un proceso de consolidación como potencia hegemónica, hacia la construcción de un unilateralismo permanente?. No sería el caso: muchos consideran que éstas acciones de Trump y compañía parecen tener más que ver con la necesidad de la potencia en retroceso de mostrar músculo militar, porque es en ese campo donde todavía puede considerarse dominante. Están cerca de perder el sitial de primer economía mundial y parecen correr de atrás en la carrera tecnológica y se muestran incapaces de imponer sus políticas a China, Rusia y sus aliados.
Sin embargo, Trump secuestra a Maduro, aliado de China y Rusia en América Latina, y las reacciones de ambas potencias son cuanto menos tibias. Ni siquiera una moción de repudio en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Por qué?, posiblemente porque priorizan resolver sus propias problemáticas, porque América Latina en éste momento no constituye una región estratégica, porque apuestan a un enfrentamiento a largo plazo y en el camino quedarán heridos que no podrán ser rescatados. Hoy se hipotetiza con que Trump, Putín y Xi acordaron un reparto en tercios sobre las áreas de influencia de cada una de las potencias. Esto debilitaría estrategias como la de los BRICS, y al mismo tiempo nos dejaría en manos del capricho geográfico: nos tocaría ser el patio trasero de Estados Unidos.
La situación nos interpela: es necesario que el sur global desempolve la tercera posición, tomando en cuenta que parece existir un campo de construcción abierto para consolidar el multilateralismo de la mano del protagonismo central de países y regiones de riqueza intermedia. Por supuesto que para que los países del sur global puedan terciar exitosamente en el teatro actual de disputa, existen precondiciones necesarias: vencer a las ultraderechas cipayas que gobiernan parte de éstos países -expulsándolas del poder político- y transitar un camino de unidad que potencie posiciones soberanistas.
Resulta clave comprender que el proceso político que se inaugura en el siglo XXI, cuando América Latina vuelve a abrazar el sueño bolivariano, coincidió con un momento particular del orden mundial. Mientras el gigante del Norte se empantanaba en dos guerras simultáneas tras el ataque a las Torres Gemelas, nuestros pueblos pudieron avanzar en conquistas históricas que hoy enfrentan el desafío de la defensa y la resistencia. Como bien señaló Cristina Fernández de Kirchner…“no fue magia”: ese avance tuvo como correlato una coyuntura internacional favorable, una relativa distracción del poder hegemónico y la audacia de dirigentes que se animaron al “ALCA, al carajo”, acompañando esa decisión con acuerdos estratégicos con nuevos actores globales.
En ese marco, sectores de nuestro movimiento entendieron que las alianzas integrales y estratégicas firmadas por el Estado con China y Rusia expresaban una política exterior soberana. Otros, en cambio, veían con preocupación ese acercamiento, interpretándolo como un alejamiento de la tradicional alianza con el Atlántico Norte. El mundo cambiaba, y dentro de nuestro movimiento coexistían —y aún coexisten— quienes leyeron ese cambio como una oportunidad histórica y quienes lo percibieron como una amenaza.
Alguna vez, Juan Manuel Abal Medina (padre) ofreció una clave para comprender los interpelantes años setenta: “…no pudimos escaparle a la Guerra Fría que se inmiscuyó en nuestro movimiento”. Aquella reflexión sigue vigente y nos recuerda que el contexto internacional no es un telón de fondo, sino un factor activo que condiciona decisiones, liderazgos, luchas, debates y rupturas.
Las decisiones estratégicas adoptadas durante el siglo XXI lo confirman. Basta analizar la geopolítica de la distribución de vacunas durante la pandemia de COVID-19: a nuestro país llegaron, como a pocos lugares del mundo, vacunas provenientes de China y Rusia. Las alianzas estaban firmes, operativas y marcaban un rumbo claro aún con discusiones internas.
Alberto Fernández llegó a enunciar que Argentina podría convertirse en la puerta de entrada de Rusia a América Latina. Semanas después, con el inicio de la invasión —o intento de recuperación territorial— de Ucrania por parte de Vladimir Putin, el escenario internacional se reconfiguró abruptamente. En paralelo, sectores internos de nuestro movimiento y del propio gobierno de Fernández incrementaron su poder e influencia para afianzar elvínculo con el Departamento de Estado norteamericano. Ese péndulo aún oscila: en la Casa Rosada, hoy copada por gorilas, y dentro de nuestro movimiento, entre quienes entienden que el siglo XXI no puede leerse con los lentes de la Guerra Fría y quienes prefieren una Doctrina Monroe remasterizada, suavizada con la ilusión de que el águila imperial comparte su comida con la presa.
Y por si quedaran dudas de que el péndulo excede largamente a nuestro movimiento, basta observar la paradoja actual: mientras el presidente “peluca” abraza sin matices los postulados de Estados Unidos e Israel, un grupo de dirigentes libertarios es invitado por la República Popular China para “explicarles” de qué se trata el juego. Al mismo tiempo, la Nueva Ruta de la Seda —la Franja y la Ruta— no solo nos trae barcos cargados de autos híbridos, eléctricos y baratos desde Asia, sino que también se cuela en nuestra vida cotidiana a través de aplicaciones como TEMU, que envían alertas y sonidos directamente a nuestros celulares.
Es lógico que discutamos sobre lo que acontece en nuestros alrededores pero hoy más que nunca es necesario que el contexto internacional sea analizado, abordado y explicado por quienes ostentan lugares protagónicos. Es deber y derecho de cada militante y ciudadano/a, formarse en debates y posturas que permitan construir las cajas de herramientas que consoliden la patria justa, libre y soberana.
Para cerrar, porque la patria chica nos duele, no podemos dejar de señalar que:
· * nos angustia la ausencia de iniciativa política de nuestro espacio y que sea el internismo la única manifestación de fuerza en “aparente” movimiento -dejando en claro, no ante nosotros sino frente a la sociedad, que estamos mejor preparados para contarle las costillas a compañeros, que para generar barricadas que frenen el avance del mileismo-
· * estamos recorriendo un cambio de época, un periodo transicional con la iniciativa en el campo del enemigo, carentes de claves interpretativas que nos permitan comprenderlo. Focalizarnos en lo electoral no parece el mejor camino. Por el contrario podríamos anticipar que sería la mejor receta para repetir viejos errores
· * interpretar los nuevos tiempos con sus avances tecnológicos y el papel central de las redes como instrumentos principales de la comunicación de masas y de la generación de “opinión”, no implica asumir como inmodificables sus pautas vigentes, ni resignar formas de vinculación que hoy aparecen adormecidas o incluso superadas –“lo viejo funciona”-
· * el accionar de la ultraderecha, camuflado bajo el disfraz de ser novedoso, es en realidad viejo…viejísimo, pero claro en su enunciación y contundente en su ejecución, lo que le ha permitido imponerse